su carita está llena de hollin.
Y al sentirse olvidada lloró
lagrimitas de aserrín”
-Kuro Tsuki
Y EL SOL SE TIÑÓ ROJO COMO LA SANGRE Y LA LUNA NEGRA COMO EL ABISMO PROFUNDO
-Kuro Tsuki
-Kuro Tsuki
-Kuro Tsuki
-Kuro Tsuki
Éste es un pequeño cuento que fue creado el viernes 11 de marzo de 2011 bajo una promesa. Un regalo para Muñeca Rota en agradecimiento por regalarme un pequeño cuento. Por supuesto, en éste momento ya está un poco más arreglado. Por supuesto, no tiene título, si desean donar uno será bienvenido. Espero que lo disfruten.
Ahí estaba ella, sentada bajo la sombra de un amplio roble. Abstraída, mirando de frente al abstruso rostro del vacío.
El caballero la vio a lo lejos y antes de acercarse se aseguró de llevar bien puesta su armadura. Caminó con paso lento y cuidadoso.
Se imaginaba sentado a su lado a la luz del atardecer. Conversando con ella por el resto del día y admirándola con el brillo de la luna.
Se encontraba justo detrás de la dama cuando la saludó. Ella se volvió y le respondió. Sus ojos llenos de brillo.
Le preguntó si podía hacerle compañía y ella no tardó en asentir. Estaba él a punto de sentarse a su lado cuando un zafio campesino se aproximó corriendo y la tomó por la mano bruscamente. Le habló de un espectáculo en la aldea y le dijo que la llevaría a su posada.
Ella se levantó, lanzó una veloz mirada al caballero, quizá de falso pesar, y se alejó corriendo al lado del pueblerino.
El caballero la vio a lo lejos y antes de retirarse se aseguró de llevar bien puesta su armadura y de que ninguna salada lágrima estuviese comenzando a oxidarla. Caminó con paso firme y decidido.
-Kuro Tsuki
La chica llegó caminando al camposanto. Lucía el que era, quizá, su mejor vestido: una prenda guinda recubierta con seda negra, de finas telas, de hermoso acabado. Un regalo del hombre a quién ella había entregado su corazón; el mismo que ahora descansaba eternamente en los terrenos de éste interminable panteón.
Llevaba ella su oscuro cabello recogido. Solo un par de bellas líneas de carbón hilado lograron escaparse, y enmarcaban su delicado rostro de porcelana a la vez que resaltaban su profunda mirada.
El lugar era lúgubre -cómo suelen ser éstos lugares-, solo, abandonado. La melancolía y la tristeza paseaban por todo el lugar con la forma de los rayos dorados del sol al atardecer que se filtraban entre las ramas de los árboles secos.
Subió una pequeña colina entre ángeles y cruces de piedra, entre lujosas criptas de mármol u ónix y modestas lápidas de granito. Todo un desolado y sombrío monumento a la muerte.
Hacía ya mucho tiempo qué no acudía a la tumba de su amor. No estaba segura si habían pasado algunos meses o se habían acumulado tantos que se habían convertido en un par de años.
Antaño solía visitar el sepulcro cada semana. Le hablaba sentada en una roca, y le contaba su vida y sus desventuras, sus alegrías y sus penas. Le recordaba lo mucho que lo extrañaba, pero él jamás respondía. Tal como había hecho en vida, pues aunque ocasionalmente le regalaba uno u otro lujo, nunca le demostró tener algún sentimiento hacia ella. Se dio cuenta, entonces, de que su devoción hacia él no tenía sentido alguno y muy probablemente jamás lo había tenido.
Su corazón estalló en millones de esquirlas asesinas que le perforaron en lo más profundo del alma. Decidió abandonar el lugar. Dejar al difunto descansar pues probablemente, si había un “más allá” el ya estaría fastidiado de su presencia.
Pero el día de hoy era especial, aún cuando ella no sabía el por qué. Sintió muy fuerte el llamado de aquel lugar. Cómo si algo muy importante hubiera sucedido. Eso, o quizá solo fue un momento de debilidad.
Llegó a la cima de la colina. Los pies manchados con la tierra del cementerio, con la carne desintegrada de tantos muertos. Con la mirada en el cielo y siguiendo el vuelo de los cuervos se aproximó al sepulcro que era su destino. El llamar de las aves de rapiña parecía burlarse de ella con sonora carcajada.
Repentinamente sintió una corriente de viento. Era suave, cálida y gentil pero a la vez firme, infinita. Cómo una inefable euforia, cómo un abrazo de bienvenida. Sin darse cuenta, por fin había llegado.
La tumba era lujosa aunque no extravagante. El cuerpo no había sido enterrado sino sellado sobre la superficie. La losa rectangular de ónix y jade que cubría el cadáver se levantaba hasta cuatro pies de altura entre dos robles secos. En la cabecera del sepulcro se alzaba un soberbio cuervo esculpido en el mismo material. Sus ojos profundos y resplandecientes cómo los de un sabio demonio. Sus alas extendían un velo de sombra eterna sobre el mausoleo.
Había cuarteaduras en la superficie de la losa, aunque no era tan vieja como para estar cediendo a la intemperie, pero estaban perfectamente justificadas pues una insolente flor se había abierto camino a través de ella.
La penumbra de la noche cayó sobre el lugar mientras la elegante dama examinaba desde lejos aquella planta.
Se erguía orgullosa, fuerte e inamovible. Un noble recordatorio de lo que era la vida, irguiéndose dentro de aquél páramo saturado de muerte.
Sus pétalos eran de un vivo y profundo color carmín y se cubrían los unos a los otros en forma cercana a la espiral. Su tallo era grueso y fuerte pero sin perder la fineza, y estaba habitado por gentiles y pequeñas hojas que no permitían la intromisión ni de una sola espina.
Brillaba con un resplandor único, pero no era un brillo que naciera de la luz. Su resplandor se generaba más allá de cualquier fenómeno físico o químico. Brillaba con una energía serena y al mismo tiempo impetuosa. Era muy similar a aquel viento suave, cálido y gentil. Era un fulgor reconfortante, abrigador.
Corrió una lagrima por la mejilla de la dama al interpretar aquello cómo una prueba de la continuidad de la vida pues aquél hombre no había muerto, no se había extinto; ahora su amado formaba parte de una hermosa flor que se acurrucaba bajo las protectoras alas de un cuervo de piedra. Una elegante y roja flor, la más bella que hubiera visto jamás, que nacía del lugar donde bajo la gruesa piedra tallada se encontraba su corazón. Alimentándose y tomando la forma de lo que en éste se hallaba.
Rompió, entonces, la doncella en profundos sollozos. Torrentes de cristal líquido emanando de sus ojos. Pues entendió el verdadero significado de aquella señal al darse cuenta de que ella y la flor llevaban el nombre “Rosa”.
-Kuro Tsuki
Éste es un escrito corto y sencillo que fue estrenado en las notas de mi pagina en Facebook. No pensaba colocarlo aquí pero debido a que no ha habido actualizaciones en un laaaaaargo tiempo decidí compartirlo. Disfruten esta pequeña reflexion.
Ahora que terminé "The Legendo of Zelda Twilight Princess" (sin relacion alguna con cierta tetralogia escrita por Stephanie Mayer para usar como papel de baño) una de las frases que la Princesa Zelda le dice a Link y Midna en el video del final me puso a pensar. Ella dice "Light and shadow are two sides of the same coin. One cannot exist without the other". Que traducido para aquellos afortunados que ignoran el "gringolandes" dice así: "La luz y la sombra son dos lados de la misma moneda. Una no puede existir sin la otra".
Es un punto que nos han planteado varias veces y hasta el cansancio en mas de una produccion, ya sea televisiva, cinematografica, en vidojuegos o literatura.
Yo siempre he dicho que es una reberenda tonteria (por no encontrar una mejor palabra) creer que la luz y la oscuridad van de la manita como grandes amigas ya que la oscuridad en realidad no es algo, no es una cosa, es la ausencia de luz, la cual si es una cosa. Por tanto, la oscuridad existe si, y solo si, no existe la luz.
Y para todos los creyentes judeocristianos que como Hyoga de Cignus tengan problemas existenciales con sus creencias y vengan a decir que a fuerzas debe haber una para que exista la otra, su amada Biblia lo dice en la Primera Carta a los Corintios capitulo 6, entre los versos 14 y 17 (que miedo recordar algo como eso, pero algo tenian que dejar tantos años de leer ese librote) "¿Qué compañia puede haber entre la luz y las tinieblas?"
Sin embargo, despues de mucho darle vueltas me di cuenta que, ¡maldición!, las palabras de la princesa Zelda estan en lo correcto ya que aunque la luz y la oscuridad tienen origenes totalmente diferentes (aun cuando la "Luz" se origino de la oscuridad) Sin luz, no puede existir la SOMBRA, ya que si no existiera la luz todo sería fria y hermosa oscuridad.
-Kuro Tsuki 
-Kuro Tsuki
-Kuro Tsuki
Es increíblemente satisfactorio cuando, aún después de buscar por todos lados y no dar con ello, logras encontrar el preciado objeto. A veces donde menos lo esperabas, a veces a precios ridículos (ya sean altos o bajos), pero el punto es que por fin tienes en tus manos aquello que tanto buscaste y que estás super duper mega seguro dará un poquito de alegría a quien se lo regalarás.
Sin embargo, los Primigenios no siempre están de nuestro lado y la búsqueda, a veces, se torna tortuosa e infructífera y nos vemos atrapados en una enorme vorágine autodestructiva que… Lo siento, me deje llevar.
Lo que quiero decir, es que nos vemos atrapados en una situación similar a la de cierta película de los 90's en donde un padre hace todo lo posible (y una que otra cosa imposible) para conseguir el juguete que su hijo tanto desea para navidad.
Sin embargo, dado el hecho de que en esta situación no hay compromiso previo, el relato que leerán a continuación (si es que lo leen) lleva por título:
Bajo la idea de "Vamos, los libros no se acaban" salí a recorrer la ciudad en busca de un ejemplar de Cementerio de Mascotas del famoso escritor de terror Stephen King. Aunque antes de eso tenía un asunto informático que arreglar, pero afortunadamente me resultaba favorable para la zona a la que me dirigía a comprar.
Salí de metro Polanco y fui a la sucursal más cercana de El Palacio de Hierro a buscar en la zona de libros por la sección del maestro King. No esperaba encontrarlo ahí, nunca es tan fácil.
Siendo tal como lo imaginé salí de palacio y me di de topes contra el muro, ya que cerca de metro Polanco se encuentra una sucursal de La Casa del Libro. Regresé, pues al metro para revisar dicha sucursal, con la esperanza de que ahí si lo tuvieran. Pero lamentablemente tampoco estaba en existencia, así que dirigí mis pasos a la plaza de Pabellón Polanco donde podría buscar en una tienda especializada en libros donde, por cierto, aclararon que no manejaban nada del señor King. Afortunadamente, un Sears abría una ventana llena de oportunidades… hasta que me di cuenta que ni siquiera manejaban sección de libros.
Algo desanimado, pero sin intención de rendirme caminé hacia Antara (cabe señalar que en las anteriores ocasiones me había desplazado en transporte público). El sol estaba en uno de esos estados en que la temperatura no es muy alta, pero la luz es molesta.
Gracias a mi falta de atención no me había percatado jamás de que Antara estaba llena de tiendas de ropa para fresas y únicamente eso. Así que perdí cerca de una hora en recorrer la plaza con la esperanza de encontrar un Liverpool o algo así… Nada.
Empezaba a desesperarme y entré al Sanborns que está al lado de Soriana y cómo ya lo imaginarán los lectores, nada. Parecía que King había decidido molestarme y había tramado un malvado plan junto con Cthulhu y Yog-Sothoth.
El sol ya me tenía agotado, sentía la cabeza a punto de explotar, no había comido ni tomado agua en todo el día y empezaba a plantear el abandonar la búsqueda de Cementerio de Mascotas y llevar en su lugar la trilogía de El Señor de los Anillos o el libro de El Castillo Ambulante.
Tras una plática por teléfono me puse en marcha a Bellas Artes viajando en el hermosísimo sistema de transporte colectivo metro de la Ciudad de México, recibiendo empujones, apretones, mentadas de madre y soportando a los vendedores de CD'S piratas que tienen la idea de que todos necesitan escuchar su basofiesca música reggetonera.
Finalmente arribé a la estación de Bellas Artes y me dirigí a la librería El Sótano a buscar el ya citado libro, donde, como de costumbre, la respuesta fue negativa. Continué mi camino preguntando en las librerías cercanas, donde me explicaron que la edición de dicho era ya muy vieja y por lo mismo ya no la distribuían.
Pero soy terco con todas las ganas del mundo y seguí buscando en Gandhi donde, obviamente, la respuesta fue la misma, al igual que en el Fondo de Cultura Económica, donde me senté frente a la sección de Stephen King y reevalué todo el asunto.
Para este momento eran ya las 5:30 de la tarde y supuestamente debía estar entregando los regalos a las 6 y media, además de que aún debía ponerle tallos a las flores de papel, envolver los regalos, escribir la nota de las flores e ir a hacer la entrega.
Tras una serie de llamadas quedó decidido. La trilogía de El Señor de los Anillos o El Castillo Ambulante tomarían el lugar de Cementerio de Mascotas. Así que empezó la nueva búsqueda… y 3 segundos después el cielo comenzó a caerse.
Una de esas lluvias en donde hasta te duele la gota cuando te cae en la cabeza. Me dirigí de nuevo a la librería Gandhi para comprar la trilogía, lamentablemente solo tenían La Comunidad del Anillo y El Retorno del Rey. Los compré, por supuesto y empezaba a temer no encontrar el libro faltante. Afortunadamente las librerías Porrúa no se rajan y en una de ellas logré conseguir Las Dos Torres.
Tras el semi-éxito obtenido me dirigí de nuevo a Polanco a arreglar el asunto informático, en una papelería cercana compré los utensilios faltantes para las flores, pero aún me faltaba el papel para envolver los libros. Volé hasta la papelería más próxima al punto de encuentro con un buen amigo, quien me ayudaría a arreglar las rosas para que estuvieran presentables.
Esperaba, poder comprar en esta otra papelería el papel para regalo, pero Cthulhu tenía bien organizado su plan y para cuando llegué ya estaba cerrada.
No le di importancia de momento, y comenzamos a arreglar las flores, aproximadamente a las 10:30 ya estaban listas. Solo faltaba arreglar los libros, pero a falta de algo mejor, solo fueron forrados con celofán transparente, afortunadamente era una bolsa de dicho material con el tamaño justo para los tres libros.
Entre una y otra cosa el tiempo pasó y a las 11:15 estábamos tocando a su puerta.
Yog-Sothoth llamó a Tlaloc y la lluvia comenzó a caer sobre la escena. Poniendo en peligro las flores de papel.
Una voz sonó al otro lado de la puerta preguntando quién tocaba. (Dada la hora y circunstancia recordé cierto poema escrito por un hombre en Baltimore.) Tras la respuesta, la puerta se abrió, y por fin la dama apareció. El momento esperado desde que despuntó el alba. Ahorraré impresiones y descripciones e iré directamente a los hechos.
Al abrir la puerta y vernos fuera, lo primero que dijo fue: Es que ya me voy a dormir.
Le fueron entregados los regalos, las flores, no leyó la apergaminada nota que las acompañaba, y los libros. Respondió con los acostumbrados "No se hubieran molestado" y "Que pena".
No tardamos en retirarnos, nada de interés sucedió, no hubo acuerdos para salir, no hubo intenciones de hablar.
Si tan solo la hubiera visto sonreír, entonces sabría que todo aquello había valido la pena... Que lastima que no sucedió así
-Kuro Tsuki